REFLEXIÓN FINAL

Conclusión o reflexión final

Una gran reflexión final para todas las preguntas articuladas que planteamos para hablar de este fenómeno es poner sobre la mesa los factores estructurales como determinantes para tratar la salud física y mental de las personas privadas  de la libertad. Entendiendo que las personas encarceladas son sujetos complejos con dimensiones personales, que tienen familia, que tanto como ellos y sus parientes sufren y son dolientes por la situación en la que se encuentran. Sin importar las circunstancias por las que se encuentren en la cárcel son personas con corporalidades dolientes. 

El cuerpo es una representación que obedece a ciertas circunstancias culturales y sociales de la historia personal. En ese sentido, los cuerpos encarcelados están sujetos a las condiciones en las que se desenvuelven. Si las condiciones son precarias, inasistidas y abandonadas, los cuerpos adquieren las mismas cualidades. Lastimosamente, estar privado de la libertad significa (por lo menos en Colombia) adentrarse en un estado de abandono puro en una sociedad que alguna vez lo acogió. El Covid-19 logró evidenciar un fenómeno que llevaba décadas arraigado; logró mostrar cuáles son las deficiencias del sistema de salud y penitenciario; y cómo son abandonados a su suerte los encarcelados. Al Estado sencillamente no le interesa la salud de los presidiarios, ya sea antes o después de la pandemia. La situación crítica de los centros carcelarios ha llevado a los presos a interrumpir el orden social interno de las instituciones, formando paros y motines con el fin de expresar su descontento. Y, aunque hayan cometido errores en su vida, ya sean grandes o pequeños, es imprescindible recordar siempre que también son cuerpos dolientes, que lloran, sufren, ríen y demás. Merecen los derechos básicos. Siguen siendo humanos.

Tomado de:  https://dirigentesdigital.com/

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